18 Operaciones Para un Estreno

Hasta ahora, en este blog hemos hablado un poco del contexto parisino a comienzos del siglo XX, de los intereses de un joven español que realiza su primer viaje al extranjero y de uno de los eventos más importantes en cuanto a la historia musical respecta.

En la entrada anterior expuse aquellas cuestiones que, como nuestro anónimo autor comenta, entorpecieron y beneficiaron la recepción de La Consagración de la Primavera. Estos condicionantes venían expresados por las palabras e ideas de nuestro escritor, palabras e ideas basadas solo en los hechos que por aquel entonces eran conocidos. Es por ello que en esta publicación daré mi personal punto de vista sobre el acontecimiento, intentando así resolver la tesitura en la que se vio relacionado.

El problema en cuestión es la violenta recepción que el estreno de La Consagración de la Primavera obtuvo en el Teatro de los Campos Elíseos el 29 de mayo de 1913. Trataré de buscar alternativas y soluciones que hubieran podido favorecer tal recepción. Para ello me basaré en las 18 operaciones para crear:

1. Aumentar el día de ensayos previos a la actuación.

2. Invertir más días de escritura y revisión de la partitura original (la última versión, la más reciente, es la suma de más de 40 intervenciones a partir de la primera versión)

3. Excluir del salón a cualquier individuo con intenciones de agitar la situación.

4. Sustituir el orden de las actuaciones. La noche comenzó con Les Sylphides de Chopin, a esta le siguió La Consagración de Stravinsky, Le Spectre de la Rose de Weber y Polovtsian Dances de Borodin. A lo mejor hubiera sido más acertado comenzar o, incluso acabar la jornada con La Consagración.

5. Reordenar la disposición de los instrumentos en el escenario, puesto que como decía Monteaux, “había sonidos inaudibles”

Dar otros usos: Una decisión real que se tomó fue el reestreno de la obra el 18 de febrero de 1914, esta vez en forma de concierto y prescindiendo del baile. A esto le prosiguieron otros tantos reestrenos en esta forma concertante, los cuales si gozaron de gran aceptación por parte del público.

Me podría meter en otros terrenos y comenzar a criticar, aunque sea de forma constructiva, la obra en sí. Podría proponer opciones como sustituir el baile y el vestuario de Nijinsky por otro más consevador; restar el tiempo de duración de la obra en sí; disminuir el número de instrumentos o la selección de los mismos. Sin embargo, con las soluciones que he propuesto trato de interferir lo más mínimo en la obra y su naturaleza transgresora. Esta ruptura con los motivos y las convenciones del momento funcionaron para prender una larga mecha que sirvió de apoyo a otros movimientos y estilos vanguardistas, tanto en el ámbito musical como en el artístico en general.

El problema no vino tanto de la mano de esa actitud rupturista, sino de la actitud del propio público, cuya previa experiencia musical no se podía sujetar a nada ante una obra tan compleja y diferente como lo es La Consagración de la Primavera.

Deja un comentario