En esta entrada profundizaré en uno de los acontecimientos que asentó la visión de nuestro anónimo autor sobre la dinámica intelectual de París a comienzos de siglo.
Esto comienza con un evento más dentro de la tradición histórica musical: el estreno de un ballet. Sin embargo, a pesar de que originalmente podría entenderse como un acontecimiento más, este evento no solo asentó el ideario de nuestro autor, sino que también fecundó en la actividad artística del momento, condicionando el devenir cultural histórico posterior. Hablamos del estreno de la Consagración de la Primavera.
29 de mayo de 1913.
12:15 a.m
“[…] Tras un largo viaje, hoy llego a la capital de Francia. Espero que tantos años de y ensoñaciones derivadas de opiniones personales no me hayan condicionado y creado una expectativa que no se cumplirá. Acabo de bajarme del ferrocarril y ahora estoy más nervioso que nunca.”
“Un interesante personaje nativo de París me ha dado una dirección en la que, según él, puedo encontrar lo que estoy buscando. Es una estancia, digamos, más bien modesta, por la que han concurrido todo tipo de personalidades afines a la cultura contemporánea. Hacia allí me dirijo. […]”
13.30 p.m
“Tras una breve pero intensa charla con la recepcionista (muy amable, por cierto), esta me ha recomendado un bar que hace esquina con la misma calle del hostal. Al igual que el pasajero del ferrocarril, me ha dado a entender que, partiendo de mis inquietudes, allí encontraré lo que busco.”
15.20 p.m
“ Y así, efectivamente, he encontrado lo que buscaba. Y más rápido de lo que esperaba… Al llegar al bar, lo primero que me encuentro es al coreógrafo Vaslav Nijinsky junto al pintor Nicholas Roerich, ambos discutiendo muy nerviosos sobre algo que iba a acontecer esa misma noche.
[…] Mi indiscreción, así como la afabilidad de estos personajes, me permitió intervenir en la conversación… lo cual, tras unas copas de vino, derivó en ganarme su confianza, regalándome estos un pase para la obra que a manos de Diaguilev y el gran Stravinsky se iba a estrenar esa misma noche: La Consagración de la Primavera. Escribo esto desde el baño del bar. Según parece me voy a quedar con ellos el resto del día. No sé cuando volveré a retomar el diario”
20.45 p.m
“Entro en el gran Teatro de los Campos Elíseos… el ambiente intelectual desborda en cada una de las personas en las que me detengo a observar. Actitudes discretas y reservadas acomodadas plácidamente en sus respectivas butacas, a la espera de que se abra el telón…”
21.10 p.m
“Gritos… silbidos… burlas… protestas… El conductor prosigue con su función. No soy capaz de escuchar los instrumentos del fondo. Stravinsky se lleva las manos a la cabeza. Diaghilev se mantiene hierático fumando un puro en la esquina. Nijinsky, avergonzado, se va de la sala… No entiendo lo que está pasando…”